EL ESTADO COLOMBIANO ES UN MACHO VIOLADOR

Marchar y ser mujer en el contexto de las protestas del paro colombiano 2021.

Por Sandra L. Ramírez Rave, desde la Ciudad de México.

Desde el pasado 28 de abril distintos sectores del pueblo colombiano se volcaron a las calles debido a una reforma tributaria que intentó impulsar el gobierno actual para sanear el hueco fiscal que actualmente tienen las finanzas del país. Aunque estos sectores ya habían venido manifestando su descontento con las políticas del gobierno de Iván Duque desde el 2019, esta cínica reforma fue la gota que rebosó la copa e hizo que el contexto de pandemia que vive el mundo en la actualidad no fuera un impedimento para que la gente saliera a las calles a expresar su descontento.

Muchas mujeres también fueron parte de esta respuesta y ¿cómo no? Si según declaraciones de la directora general de ONU mujeres, las consecuencias de la pandemia han sido desproporcionalmente negativas para este sector de la población, reportando una cifra aproximada de 118 millones de mujeres latinoamericanas en situación de pobreza como consecuencia del covid.

El estado colombiano como de costumbre, respondió de manera autoritaria llenando de policía y ejército a las principales ciudades del país bajo una figura denominada “asistencia militar”. Desgraciadamente para la ciudadanía que salió a manifestarse, Colombia es un país que ha vivido una fuerte historia de represión por parte de las fuerzas armadas legales e ilegales (grupos paramilitares) que han estado siempre al servicio de los intereses gubernamentales y empresariales (o sea, la misma vaina…), a costa de vulnerar los derechos humanos de la población. Las cifras de violencia por parte del estado hacia los manifestantes han sido alarmantes y estas acciones gozan de completa impunidad ya que la violencia estatal es perpetrada de manera sistemática a lo largo y ancho de la geografía del país, sin que se responsabilice a los culpables de esta.

Hablando más específicamente de casos de violencia sexual en contra de las mujeres manifestantes, este escenario se torna más complejo ya que ésta es parte de las represiones que podemos sufrir, según la antropóloga Rita Segato: “la violación es un acto moralizador que se lleva a cabo cuando una mujer desacata la ley del patriarcado” y la violencia institucional al reproducir la violencia patriarcal utiliza la violencia sexual como una manera de disciplinar a las mujeres. Esto lo podemos ver reflejado en el número de víctimas de agresiones sexuales que a hasta el 18 de mayo (a 20 días de haber iniciado las protestas) se han registrado 18 según varios medios nacionales.

Un caso muy desgarrador que se pudo documentar de manera amplia, es el de la menor de edad Alison Meléndez en Popayán que fue retenida por varios miembros del ESMAD después de que uno de ellos la violentara pegándole un puño en el estómago, esto sucedió mientras un transeúnte realizaba una transmisión en vivo de este acto de violencia policial. En este episodio, los uniformados estaban siendo conscientes de ser grabados y peor aún de poder ser identificados, pero su único afán momentáneo era poder disciplinar a la joven que de manera desesperada trataba de oponer resistencia a ser capturada, esto que estoy relatando se puede observar de manera clara en el momento en que en la grabación se escucha como uno de los uniformados exclama: “una mujer le va a ganar a cuatro varones, la chimba!”, en ese momento 4 miembros del escuadrón antidisturbios la alzaban forcejeándola de sus cuatro extremidades mientras la joven exclama que la llevan semidesnuda y en presencia de varios civiles y militares, la joven menor de edad fue ingresada a una URI (unidad de reacción inmediata) y un caso similar fue registrado casi paralelamente con otra mujer. Una hora y media después las dos mujeres fueron dadas en libertad bajo el acompañamiento de sus familias. Horas más tarde, se puede leer en el último mensaje de Facebook de Alison que efectivamente los antidisturbios la habían agredido sexualmente y así mismo fue encontrada al otro día muerta (se presume suicidio) en su habitación.

Otro relato impactante es el que hace la activista caleña Libertad López para el podcast Catarsis acerca de su vivencia del 29 de abril, cuando al participar de un plantón, es capturada por agentes de la Secretaría de Seguridad y Justicia de Cali por supuesto vandalismo, la golpearon en varias partes de su cuerpo y también sufrió tocamientos de índole sexual en sus senos y cerca de sus genitales, mientras la insultaban gritándole insultos sexistas, lo que le revivió una situación de violencia sexual que ella ya había vivido y la tiene en una situación permanente de shock a varios días de haber sufrido esta agresión y tal cual como lo señala la locutora del podcast: “Para los que aún no les queda claro, lo que sufrió Libertad es una agresión física y un abuso sexual por parte de la policía nacional; lo subrayo, porque tenemos una idea limitada de lo que es el abuso sexual y aún hay gente cínica que es capaz de enunciar: ahhh, pero solo la tocó!… Minimizar estas acciones, impide que podamos solucionar el problema porque no nos estamos dando cuenta del poder brutal que se está ejerciendo en el cuerpo de las mujeres” al igual que lo subraya la misma Libertad cuando menciona: “Eso fue un abuso sexual porque me tocaron para poder reafirmar su poder, como siempre lo han hecho”. La víctima de este relato es una mujer crítica acerca de su vivencia y entiende perfectamente que lo que vivió lo vivió por ser mujer, ya que es consciente de que las mujeres históricamente hemos sido motines de guerra y que todo lo que vivió fue una forma de debilitarla y desmoralizarla por su condición de mujer.

Los casos de Alison y Libertad no son los únicos que se han registrado y a 20 días de haber iniciado las manifestaciones, el gobierno colombiano se ha visto muy indiferentes ante esta problemática y su única respuesta ha sido endurecer la respuesta policiaca, evidenciado una vez más que no le interesa dialogar con la población y mucho menos le interesa la situación de desventaja que tenemos las mujeres en contextos de violencia, al ser atravesadas por la opresión del género.

Sandra L. Ramirez Rave

Sandra L. Ramírez Rave

Científica, Feminista Radical y Abolicionista.

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