Mi Nostalgia

Nostalgia: Manifestación de un saudade profundo. 

Hay diferentes clases de nostalgia. A veces es triste, a veces esperanzadora.

Cuando corro, recuerdo mucho a mi papá. A veces ese pensamiento viene cargado de melancolía por lo que dejamos de hacer juntos, otras viene lleno de alegría al recordar TODO lo que hicimos juntos.  Cuando pienso en regresar a Canadá me pasa lo mismo: a veces es triste pensar que todo este realismo mágico, como todo, también llegará a su fin. Por otro lado, retomar mi vida en compañía de mi fiel amor bebé 🐾 es un pensamiento hermoso. Caminar por la playa con él y emprender en miles de aventuras felices me llena de alegría.  Por ende, pienso que para evitar que la nostalgia se vuelva nociva para la salud, hay que verle el lado amable a la vida.

Volver a casa es, sin lugar a duda, una realidad que cada vez se acerca más, a sabiendas de que lo que me espera no es lo mismo que dejé en marzo del 2020. Sí que te he echado de menos, Toronto pre-covid. Hace ya un año te dejé y nunca imaginé que sería por tanto tiempo. Tanto que ha pasado que hasta me había olvidado de extrañarte en serio, sin importar que ya no existes como te recuerdo.

Andrea en el Toronto Popcorn Company de Kensington Market, en Toronto.
Ya no habrá más viajes impromptu hasta el Toronto Popcorn Company en Kensington Market, con sus cientos de sabores deliciosos para toda ocasión 💔
Leyendo The Witches en El Almacen de Toronto
Tristemente, ya sé que un mate largo, una sonrisa cálida y una empanada de espinaca con ricotta en El Almacén tampoco estarán esperándome en Queen St. W.

Durante el 2020 no le eché mucho cacumen al cuento de regresar a casa. Al principio no había cómo, luego había que empeñar un riñón para comprar un pasaje de regreso en un vuelo “humanitario” (Humanitario my ass… ¡Una amiga pagó CAD $1,800 por llegar desde Bogotá hasta Montreal!). Después, andábamos gastando pólvora en gallinazos en un problema familiar y ya estábamos ad portas del invierno. La idea de pandemia a menos horrendo no era algo que me desvelara, así que ajá. Hoy, varios meses después, ya va siendo hora de considerar el futuro cercano.

Extraño mucho y, a la vez, todo eso me vale tres hectáreas de verga, ya que no puedo hacer nada al respecto hasta que decida treparme en un avión y decirle à bientôt a lo que fue mi hogar durante este tiempo. Adoro Toronto y me causa nostalgia no poder disfrutar de tantas cosas que me encantan de la ciudad. Sin embargo, me reúso a reciclar anhelos hipotéticos de situaciones pasadas, las cuales sé que terminarán torturándome en algún momento. Mis travesías me han enseñado que añorar el pasado es correr detrás del tiempo y ¿para qué hijueputas querría yo meterle incertidumbre a mi tranquilidad en plena pandemia?  Viviendo en el presente he sido muy feliz y cada vez me alegra más ver como todo se va dando mágicamente.

Comprender que cada día tiene su afán no tiene precio. Gracias a eso, en un año, he aprendido a soñar mucho más en serio. ¡Qué importante y qué privilegio es poder soñar en grande! Todo es posible, así sea en un hipotético bastante remoto. Mis sueños son míos y al estar tan sintonizada con ellos, siento que vivo aún más despierta. Soñar me hace feliz y la posibilidad de regresar a Canadá con la intención de hacerlos realidad me llena de esperanza.

En un año he visto lo que es el Zen y hallé en mis días un motivo más para seguir adelante, sin importar que tan insignificante sea a gran escala. Siento que soy una mejor versión de mí misma y me place demasiado haber llegado a un punto en el que me atribuyo ese reconocimiento.

Hoy por hoy, aprendí lo que significa amar incondicionalmente y cada mañana recibo las manifestaciones de cariño más sinceras que he visto. Generalmente, consisten en pequeños besos de amor en el brazo, miradas tiernas e inocentes y manotadas que me pide a gritos rascar una barriga peluda. Ahora sí que puedo morir tranquila, aunque aún siento que me falta muchísimo camino por recorrer. Aparte, las barrigas peludas no se rascan solas…

Las barrigas peludas no se rascan solas
RaSKiNg iS LiFe ❤

No puedo ocultar que hay situaciones que se me salen de las manos y es ahí cuando llega la nostalgia melancólica e incierta y me ataca en situaciones en las que salir corriendo, simplemente, no es viable. En varias ocasiones he visto cómo este encierro nos ha puesto a prueba, dejándonos a la merced de la virtualidad. En muchos casos, varios hemos sido expuestos a convicciones muy opuestas a las nuestras, haciendo que la polarización sea cada vez más evidente. Es ahí cuando pienso: ¡Cómo extraño Canadá!

En este momento, viendo y viviendo muy cerca la situación que afecta mi país,  escuchando con claridad las consignas que cantan los protestantes mientras escribo esto, me duele tanto ese pedacito de patria y hay mucho que tengo que decir al respecto. Sin embargo, muy pronto hablaré de eso. Por lo pronto, les comparto:

Nostalgia, de la que debilita y encoge, me genera pensar que el valor de la vida no es el mismo en todas partes. Echo tanto de menos la empatía ajena, desinteresada y concluyo que esos sentimientos también sirven para definir el rumbo del barco que maneja su servidora y amiga.

Hasta pronto ✌️

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