Tengo ganas

Tengo ganas de iniciar una familia.

Desde el inicio de la cuarentena, y con el pasar de las semanas, muchas familias por aquí se han visto en la necesidad de dejar de trabajar y quedarse en casa para poder cuidar a sus hijos ya que las escuelas están cerradas, y a pesar de tanto negativo y tanta incertidumbre durante estos tiempos, creo que yo hubiera disfrutado muchísimo poder pasar este tiempo con los míos, si los tuviera. Para qué, soy un peluche de amor listo para procrear y criar y engreír con apapachos y castigar con el dolor de mi corazón, etc. Yo sé que debe haber una diferencia categóricamente semántica entre querer algo y tener ganas, porque tener ganas me suena a antojo, pero en el fondo tiene que ver mucho con desear, y yo deseo con toda mi alma tener una familia, mía de mí.

Desde muy joven quise tener hijos a temprana edad. Mi papá tenía 22 años cuando nací y siempre hemos tenido una relación de la puta madre, y mi mami siempre se veía regia al lado de las señoras cuarentonas de la catequesis del colegio. En las reuniones familiares mi madrina siempre bromeaba sobre sus experiencias cuidándome mientras mi mamá completaba su carrera y yo también tenía frescas en la memoria aquellos recuerdos de mis días con mis tías también jóvenes. En todo caso siempre sentí que, en comparación a mis primos y amigos, yo era más cercano a mis padres por la corta diferencia de edades y yo quería lo mismo: ser un padre chévere que también puede ser amigo con sus hijos, estar al tanto de las últimas novedades y llevarme bien con sus amigos también.

Creo que de ahí viene mi predisposición a querer tan apasionada e intensamente desde el inicio en mis relaciones sentimentales. Desde mis épocas de colegial siempre quise encontrar a la mujer de mi vida de una vez por todas para poder disfrutar de nuestro amor de pareja por un buen par de años y luego poder casarnos y tener una familia ni bien acabáramos la universidad. Me llenaba de ilusión poder hablar de matrimonio y planes de familia a los pocos meses con cada una… ah si, perdón, me pasó con más de una. Solamente en la secundaria habré planeado por lo menos 3 familias entre Lima y Toronto, y no, no es que no lo haya querido en serio con la anterior, simplemente lo quería más. A todas las quise infinitamente, dentro de mis púberes capacidades claro está, y con todas quise hacer mi futuro, pero al final de cada relación no me quedaba más de otra que esperar que la siguiente sea la correcta, por fin.

Como muchos saben, Covidiario nace a raíz de la cuarentena global que nadie se esperaba. Cuando Andrea y yo empezamos este proyecto, le metimos harto turbo y estábamos emocionadísimos por el potencial de poder escribir algo y mantenernos sanos dentro de toda esta locura. En su momento pensamos que hasta podríamos escribir algo todos los días; yo por mi parte empecé a ver videos en YouTube de crecimiento orgánico en las redes sociales, busqué hashtags por todos lados e invité a los contactos hispanos en Facebook e Instagram más prometedores para regalarnos un like y una visita. Un par de semanas más tarde y como era de esperarse, la curva de las visitas se empezó a enfriar. “¡Que no cunda el pánico!”, me decía mi chapulín interior, “¡revisa tus contactos de nuevo y no discrimines!”. Y entonces ¡KABOOM! bombaza 💣. Una de mis ex enamoradas, a quien no había querido invitar a leer este humilde blog desde un inicio por respeto y por principio, se apareció en mi pantalla sujetando amorosamente su vientre abultado.

¿Han oído hablar del reloj biológico que dicen tener las mujeres? Resulta que yo también tengo uno y esa foto me activó el cronómetro a mil. Mi reloj por cierto debe ser una especie de bomba ⏰ de 10 kilos escondida en la barriga —eso explicaría muchísimo. En fin, de más está aclarar que yo ando enamoradisimo de Kat y estoy muy contento con nuestros planes, a pesar de la mierda esta de haber tenido que posponer nuestra boda por 18 meses. Tampoco voy a decir que la foto me haya movido el piso y me haya puesto a pensar qué hubiera pasado si aquella señorita y yo nos hubiéramos quedado juntos… maybe. Pero no, señor, ya lo pasado pisado y no problem, aunque sí me vino a la cabeza el recuerdo de haber planeado un futuro con ella (y otras tantas, para variar) en su momento. ¿Tendríamos hijos a estas alturas? Y peor aún, ¿seguiríamos juntos después de haber formado una familia? Digo peor porque por algo terminamos, ¿no? Esta nueva espiral de supuestos vía-covid nunca mejora, a pesar de saber que no son ciertos.

Nunca he tenido problema alguno con aceptar que mis exes sigan con sus vidas post-Ale porque usualmente era yo quien encontraba nuevos amores primero, pero verla alcanzar aquel peldaño de la familia antes que yo, eso sí me afectó un poquito. ¿Le escribo y la felicito? No somos amigos pero sí fuimos cordiales el uno con el otro por años luego de cortar, aunque dejamos de desearnos feliz cumpleaños y feliz navidad hace muchos años. ¿Se molestará si le escribo o lo tomará con cariño? Quizás no es mi lugar y hay que dejarlo ahí nomás…

Tengo amigos de promoción que como ella tienen familia propia, y hermanos del alma que recién están empezando; honestamente me llena de felicidad ver sus fotos y anuncios y las sonrisas en todos sus rostros… pero también tengo amigos que a sus cortos 30 años ya se han divorciado —malditos peros siempre arruinándome las añoranzas. Los primos de Kat están a puertas de recibir a su primogénita el próximo mes y mi primo Jorge nos acaba de contar que un nuevo miembro está en camino para Octubre. Y yo, pues, aquí, contento por todos, pero entre nos, un poquito envidioso también. Al fin y al cabo, la familia es lo único que importa.

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