Momentos que recogen el alma

Macondo: sitio en donde la realidad supera la ficción, cualquier día de la semana. Estoy convencida de que el camino a la casa en el aire del Maestro Escalona es vía Macondo. Póngale la firma. Sigo pensando que todo lo que me ha pasado durante estas semanas ha sido fantástico: El clima, la vista, la comida, los precios, la compañía de mis anfitriones, mi Lora despertadora, hamacas por doquier, entre otros. Cabe destacar a mis nuevos compañeros de oficina:

Mis nuevos compañeros de oficina

En tiempos de crisis e incertidumbre, es fundamental mantener el optimismo y, sino es mucho pedir, la calma. ¿Qué se gana uno con preocuparse por cosas sobre las que no se tiene ningún control? Del dicho al hecho hay mucho trecho y predicar es más fácil que practicar… Uno de los muchos ataques inesperados con el que nos ha bombardeado el COVID-19 ha sido privarnos de la libertad. Por ende, la ansiedad se ha apoderado de muchos, y no es extraño hallarse en una situación en donde todo estorba, todo falta, todo preocupa y, aun así, no se puede hacer un carajo al respecto. La impotencia prima y resignarse puede ser la única salida.

Así que, amigo lector, si usted se siente identificado con lo que acaba de leer, le recomiendo que respire profundo y haga como los costeños, en su eterna sabiduría y: ¡Cójala suave! Si usted no sabe que es un costeño, su mantra sagrado de “Cójala suave” ha sido traducida hasta en swahili:

Como embajadora autodenominada del vivir la vida un minuto a la vez, estoy en la obligación moral de recordarle que esto no será para siempre. Aunque no he logrado predecir el futuro hasta la fecha, puedo garantizarle que nada es para siempre y esta mala racha covidiana, como todo, también pasará. Algunos de ustedes pensarán:

  • Claro, es que decir eso estando en el Tayrona es muy fácil…

Y tienen toda la verrionda razón. Por eso, quiero que se respalde en mi positivismo, en caso tal de que lo llegue a necesitar y sepa que de esto también saldremos. Y una vez termine, se anime a pegarse la rodadita por estos lares.

Qué saludes les manda mi amiguito el colibrí que anda visitándome en estos momentos.
Qué saludes les manda mi amiguito el colibrí que anda visitándome en estos momentos.

Ahora, aunque la jaula sea de oro, no deja de ser prisión. No lo digo porque esté aburrida de estar en el paraíso, ni mucho menos. Muchas veces el dolor se lleva adentro y a pesar de estar en las mejores circunstancias, el dolor ajeno y la realidad de otros, a los que la vida no les ha sonreído tanto, no nos hace inmunes. Déjeme le explico mi dolor.

Amigo lector, mi nombre es Andrea C. Briceño y soy una persona verracamente sentimental. Mi afición en esta vida es llorar. Lloro: viendo el Rey León, contando una historia, lavando la loza, escribiendo esta vaina, escuchando la radio, a veces hasta durmiendo. Si llorar fuese un deporte, yo sería La Maradona de esta vereda. No puedo decir que soy la más llorona del mundo, pero sí ando entre los 1,000 primeros… Mi actividad predilecta para berrear en forma: Los juegos olímpicos. Solo basta con que un deportista colombiano esté triunfando y, si ese día no me eché delineador a prueba de agua, pues figuró lucir el bello estilo del mapache.  

Mi llanto no es cuestión de patriotismo, sino de empatía. Las historias de muchos deportistas en los Juegos Olímpicos dejan a Corín Tellado en pañales.  Déjenme les comparto el relato de Yusra Mardini, la nadadora que participo en los juegos olímpicos de Rio en 2016 representando al Equipo Olímpico de Atletas Refugiado. Esas fueron las primeras olimpiadas en las que participa este equipo, con la intención de visibilizar la causa de los refugiados en el mundo, demostrando su capacidad de autosuperación. Para propósitos de ojos secos, ya comenzamos mal…

Yusra es la tercera de la primera fila.

A causa de la guerra en Siria hace tan solo 5 años, Yusra y su familia huyeron de su natal Darayya hacia Líbano. Después, al llegar a Turquía los montaron, junto con 18 migrantes más, en una lancha para 7 personas, sin garantías de supervivencia. Por un segundo, póngase usted en esa situación: Su vida, como la conocía, se acabó. Si decide quedarse, se muere. Sino lo mata el gobierno, lo matan las tropas de organizaciones terroristas, o una bomba. Mejor dicho: se larga o se muere.

Volviendo al drama de Yusra: Estando en mar abierto, a la lancha se le fundió el motor. Una vez más: o se despabilan o se mueren. ¿Qué hizo Yusra? Literalmente, se amarró la soga al cuerpo y nadó, hijuemadre.

Yusra, ahora nada libre.
Yusra ahora nada libre.

Junto con otros voluntarios, nadó por más de 3 horas en el Mar Egeo hasta que el motor volvió a prender y pudieron llegar a las costas de Lesbos, Grecia. Tenía 17 años cuando eso pasó. Y, cómo si eso no fuese suficiente, llegó a un continente en donde ser refugiado y sirio la calificaba como: extremista musulmán (Yusra y su familia son cristianos…), terrorista de Dáesh (más conocido como ISIS), amenaza a la cultura europea como se conoce, o cualquier otro calificativo, en grado superlativo, del mismo calibre.

Si usted, amigo lector, es colombiano debe saber lo que se siente que lo tilden de: mula, narcotraficante, prostituta (me pasó en Praga), sudaca de mierda y hasta sicario. Gracias a Narcos en Netflix nos pintan como el enemigo que nadie quiere tener, pero ese cuento es para otro día.  

Papasito Wagner Moura, a ti te perdono hasta tu pseudo paisa brasileño

Volviendo a las historias que desgarran el alma: no solo los deportistas latinoamericanos nacen con un yugo. Como el caso de Yusra, existen muchos más alrededor del mundo. Si a usted estas historias de vida no le hacen ni cosquillas, tranquilo que con mis sentimientos equilibramos el mundo.

Por ende, cada vez que un deportista colombiano es reconocido mundialmente, eso es un motivo digno de celebración, festejo y llanto a moco tendido, traído a ustedes por esta servidora y amiga… Sus relatos me recogen el alma y me llenan de orgullo patrio.

¡CO-LOM-BIA, CO-LOM-BIA!

Muchos de nuestros deportistas (me atrevería a decir que la gran mayoría) vienen de familias destrozadas, víctimas de la violencia absurda de este país, abandonados por un gobierno elitista al que solo le importa montarse al bus de la victoria cuando ellos obtienen algún galardón por mérito propio. Gente con un techo de paja y suelo de tierra, aguantando hambre, entrenando en condiciones precarias, a punta de aguapanela con arepa, sin poder ayudar a su familia, quienes también andan pasando necesidades. Deportistas que se transportan en camiones de carga, dependiendo de la solidaridad de un pueblo entero para llegar a un entrenamiento, comiendo pura y física mierda durante años, motivados por un sueño: la gloria olímpica.  Huemadre, ¡Y lo logran! Me les quito el sombrero ante sus méritos y sus historias, que son verdaderas lecciones de humildad.

Para la muestra, un botón: Yuberjen Martinez, Medallista Olímpico en Rio 2016. Hasta cuando me encontré esta foto, lloré..
Para la muestra, un botón: Yuberjen Martinez, Medallista Olímpico en Rio 2016. Hasta cuando me encontré esta foto, lloré..

Mientras tanto, en muchos rincones del planeta, miles de idiotas desagradecidos andan quejándose porque no les alcanza el sueldo para comprar un iPhone 11, un año después de que salió el iPhone Xs Max…  Vivimos en un mundo de extremos.

He apoyado a nuestros deportistas desde sitios inesperados y desde allá he llorado, gritado y arreado madres apoyando a los nuestros. En 2014 estuve en el Japón, en donde Pikachu era la mascota oficial de la selección japonesa, y tuve la oportunidad de animar a la tricolor desde allá.

Fue complicado no caer en las garras macabras de Oliver Atom y Pikachu, pero el que es fiel, es fiel hasta en las situaciones más tentadoras

Mientras vivía en Jyväskylä, Finlandia veía los partidos de la selección Colombia encerrada en el cuarto para no asustar a las roommates con mis alaridos. A mí me pintan partido y se me sale el guaricho interno. Con decirle que un día, mi roomate Irina me sacó del cuarto a la fuerza diciendo:

  • “Esos hombres no saben que tu existes y nosotras si te queremos, así que me haces el favor te cambias y sales con nosotras…”
Irina Teddy y Andrea en Finlandia
¿Cómo hace uno para decirle que no a una chica como esta?

Podría estar en Tombuctú viendo una pelea de boxeo, una carrera de BMX, una prueba de salto triple, un levantamiento de pesas, ni se diga un partido de la selección, y siempre sonará a grito herido:

  • ¡CO-LOM-BIA, CO-LOM-BIA!

Y luego, llega ese instante tan anhelado por todo un país. Un corazón que late a un solo ritmo:

“O gloria inmarcesible…” Ay verraca vida ¡A BERRIAR SE DIJO! Sin pena, me importa un bledo y lloro de alegría. Me enorgullece el esfuerzo de la gente, esa manera de superarse así toque vender empanadas para alcanzar la cima y superar sus sueños a toda costa. ¡Bravo!

José María Muñi siempre me contaba la historia de Diágoras de Rodas. Cuando sus hijos fueron campeones olímpicos, en la Antigua Grecia – 5 siglos AC- se escuchó una voz fuerte que decía:

” Diágoras nada tienes que envidiarles a los dioses; tus hijos son campeones olímpicos”:

La voz cuya fuente no conosco, pero se que Muñi si 🙂

Yo no tengo ninguna clase de vínculo filial con nuestros deportistas y, aun así, soy la gallina que más canta y solo puedo esperar con toda mi alma que la vida les compense sus esfuerzos y sufrimientos, porque en el país del sagrado corazón de Batman Camargo, este gobierno corrupto y miserable no va a cambiar…

El dolor se lleva adentro.

Si esa es la suerte de los deportistas antes de llegar a la cima, imagínese ¿Cuál será la suerte de los ciudadanos más vulnerables en este país? Les comparto la historia que vi en uno de los grupos de Facebook que surgieron a raíz del COVID desgraciado.

En una vereda llamada Buenavista, Ocaña, hay personas olvidadas por el tiempo, la sociedad y el país. Con decirle que ni siquiera tienen cédula. Amigo lector: si usted no sabe lo que es tener cédula, déjeme decirle que en este momento no tenerla en Colombia es lo peor que le puede pasar. Con la cédula se rige TODO en este país y, por el COVID, este documento le da derecho de salir a abastecerse en días específicos. También dictamina quién puede entrar a un supermercado y hasta quién califica para un subsidio.

Después de leer la historia y ver las fotos de estas personas, se me recogió el alma. Mi primer pensamiento fue: ¿Dónde queda Ocaña y a cuánto estoy de allá? Respuesta: 7 horas 43 minutos manejando. Primer inconveniente: No manejo caja de cambios y no tengo acceso a un carro automático. Bueno, ¿Y si me voy en bus?  Ahora no puedo salir del departamento y ni siquiera sabría en qué dirección andar. ¿Y si me contacto con alguien en Santander? ¡Hijueputa vida, yo lo tengo todo y no puedo hacer ni mierda porque no conozco a nadie allá! Confiar en este país es un asunto complicado porque no falta el troglodita que se aprovecha de hambres ajenas para robara la gente bien intencionada. ¡Que impotencia tan horrenda!

Días después recibí un correo de Uber, dándome la oportunidad de contribuir económicamente a una iniciativa, organizada por la Primera Dama, para dar unos bonos que prometen comprar mercados a las familias más necesitadas. Conociendo al gobierno de este país, no me da buena espina ninguna de sus campañas, mucho menos cuando lo que buscan es mi contribución económica. Colombia es percibido como el país más corrupto del mundo, no solo por mí y en estos momentos, ando mucho más cabreada que de costumbre con el gobierno colombiano. Déjeme explicarle por qué.

Nota: Si a usted le ofenden las palabras soeces, hágase un
favor y colabóreme cerrando esta publicación.

Me duele en el alma la indiferencia de este país y de su gobierno setenta HIJO DE PUTA con su corrupción que no conoce límites. Mientras a sus ciudadanos los mata la apatía, los muy muertos de hambre descaradamente se roban un subsidio mensual de USD$41 (COP $160,000) que “supuestamente” está destinado para ayudar a los más necesitados. ¡Miserables! ¡Malparidos!

Miserables por adjudicar una limosna que no alcanza a cubrir las necesidades básicas de una familia.

Malparidos por arrebatarle la comida a una persona que depende de la caridad para poder sobrevivir. Mientras estos malparidos ladrones probablemente se gastan ese dinero en un lomo de res, o una botella de trago fino, la gente se muere de hambre. Llamarlos malparidos es poco. ¡Me hierve la sangre!

En ese mismo grupo de Facebook vi por primera vez los trapos rojos. En algunos barrios de Bogotá, empezaron a verse trapos rojos en las puertas de las casas para indicar que sus habitantes están pasando hambre, no les han llegado ayudas y su situación es desesperada.

Fuerte.

Los trapos rojos, para muchos, son como el COVID en enero de este año: esa vaina es solo en China; eso no es conmigo. Personalmente, me recogieron el alma esas imágenes, a pesar de estar acuartelada tan lejos. Cuando se llevan tantos días sin salir, uno alcanza a desasociarse de la realidad, ya que todo lo que dicen que está pasando, lo vemos a través de la misma pantalla que transmite La Rosa de Guadalupe y los cuerpos amontonándose en las calles de Guayaquil. Suena horrible, pero no está muy lejos de ser la realidad de muchos en este momento. Realidad que también era mía hasta que tuve que salir de mi acuartelamiento, a comprar quien sabe qué.

Me puse un collar y un brazalete ya que, desde que ando en cuarentena, no volví a acicalarme o maquillarme. Con decirle que salí sin brasier, con mi mejor moña al estilo María la del barrio. En el carro, íbamos por la troncal del caribe, como quien va para la Guajira, el punto más norte del país. Siempre quise ir a la Guajira, pero nunca imaginé que mi primera visita seria así, tan informal y sin soporte pectoral.

Manejamos casi una hora hasta Mingueo, corregimiento de Dibuja, frente al mar caribe como relata el cantor de Fonseca. ¡Qué paisajes! Este lado del país tiene unas costas paradisiacas.

Andrea en la vereda Los Coquitos, Magdalena.
Vereda los Coquitos, Magdalena. Con la piscina del rio Mendihuaca y el Mar Caribe a mis espaldas.

A pesar de los paisajes tan increíbles, pronto noté que los trapos rojos eran muy reales, no solo imágenes que salen en una pantalla. Durante más de una hora de camino, pasamos por muchísimos corregimientos y veredas: todos con trapos rojos. Mi mamá pensó que la gente estaba manifestando su apoyo a quién sabe qué y ya estaba lista a colgar mis calzones rojos al frente del hotel, como signo de apoyo a su causa. Proseguí a explicarle su significado y noté que se quedó suspendida en ese momento. Mientras tanto yo solo pensaba en cómo ayudar, pero cuando todo el mundo tiene hambre, ¿A quién se le ayuda?

¿Acaso el hambre tuya prima sobre la mía? ¿Quién soy yo para juzgar si el hambre de la señora del frente es más válida que la del señor de la casa del lado? Y si solo puedo ayudarle a uno, ¿A quién le ayudo?

Fue entonces cuando recordé que el primer día que llegué a mi nido tayronesco, vi a un grupo de indígenas Kogui, etnia oronda de estos lares. Ahora, si en circunstancias sans-COVID, las comunidades indígenas son grupos abandonados por esta sociedad elitista y déspota, en estos momentos ¿qué se puede esperar de un país que aun utiliza la palabra indio como ofensa? No me alcanzo a imaginar en qué condiciones estarán los chiquitos que vi hace 3 semanas.

Mis chiquitos kogui, de la Sierra Nevada de Santa Marta.
Mis chiquitos.

Me atreví a preguntarle a una señora en Palomino, Guajira, si ella sabía dónde podría encontrar asentamientos indígenas en la zona. A lo cual, la señora muy inocentemente me fue diciendo:

  • Hay uno en Rio Ancho. Yo tengo un primo que le hace el tour para que los vea cómo viven en sus casitas de barro…

Cual zoológico, pues. La ignorancia es atrevida y nada gano con derramarme en prosa en contra de la señora, que ni culpa tiene. Me molestó su comentario y de la manera más decente del mundo le dejé saber que eso no era lo que buscaba. Le sugerí qué fuera más consciente de la vulnerabilidad de las comunidades indígenas en este país y no los deshumanizara de esa manera.

Es común que dentro de la idiosincrasia colombiana aun haya muchos que ven en un indígena atraso, ignorancia y pobreza, lo cual los hace ciudadanos de segunda o tercera categoría. Mucha gente desconoce el valor de las culturas ancestrales, su sabiduría y conocimientos. Es común oír a la gente abiertamente discriminarlos por los motivos que sea. Desafortunadamente, Colombia sufre de un caso crónico de eurocentrismo, en donde se ve el mundo a partir de la experiencia occidental. Donde las ventajas y beneficios para los extranjeros, sus descendientes, sus culturas y sus productos se consiguen a expensas de otras culturas, justificando esta acción con paradigmas o normas éticas. Eso se le justifica a un Schweinsteiger, Lacroix, o Van Persie, no a un Pataquiva.

Colombiano eurocéntrico: el que se avergüenza sus raises, se avergüenza de su madre. Creerse Cristiano Ronaldo no lo hace CR. Dese cuenta de que los espejitos de hace 500 años han sido reemplazados por el ultimo iPhone… o cualquier otra pendejada que los chinos hacen en masa, los gringos venden barato y en Colombia le triplican el precio.  

Afortunadamente, se que no todos en Colombia son así. Este país siempre me ha mostrado que los que menos tienen son los que más están dispuestos a dar. En el país del sagrado corazón de Batman Camargo, aún existe gente a la que no le duele compartir. Si Colombia logra sobrevivir a esta cuarentena será por la solidaridad de sus ciudadanos, no por la intervención de un gobierno de mierda. Yo también me comprometo a apoyar a mis connacionales, en especial a las comunidades indígenas de la zona ya que, prósperamente, no me falta nada y en esta situación, si me sobra mucho.

Soy muy afortunada y tengo miles de razones para estar agradecida con la vida. Lo mínimo que puedo hacer es devolverle a esta región, que tan amablemente me ha ofrecido un refugio durante uno de los momentos más inciertos de mi vida, un poco de dignidad y la manera de calmar el hambre, así sea por un día.

Colombia, cómo me recoges el alma…

4 Comments

  1. CHRISTIAN JAROSCH

    Andrea, sin maquillaje y ropa innecesaria… el leerte me enseña tanto… que tu no puedes saber. Soy como un soldado de la vida que mas que te duplica en edad y me haces tener una sonrisa joven por poder aprender de ti. Me agradaría mucho poder sentarme un dia y discutir [no discutir sino discuss] nuestras ideas y poder mostarte y llevarte a una dimension que creo es desconocida aun para ti y ampliar tus muy sanos y ejemplares sentimientos. No puedo hacer este comentario largo. Temo perder ese sabor positivo y profundo que me dejan todos tus colores y descripciones. Si lograse darte el punto de vista del viejo en experiencia con la joven de ideas e ideales y fundirlos juntos, creo que hariamos una fuerza descomunal positiva. Vuelve pronto a escribir y deleitarme. Con una humedad en los ojos, te saludo yo un viejo deportista de los que tu aplaudes.

    Liked by 1 person

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s