Perdidas

Pérdidas

Dia doce

Cuando desperté el domingo y vi los mensajes de Andrea en mi celular no quise imaginarme lo peor. En el Villa Cata estamos de luto, me contaba, y respondí medio en broma con algún escenario que no fuera totalmente descabellado y que pudiese encajar con lo poco que me había contado. “La gata?” pregunté, y esperé atento por su respuesta. Se demoró dos horas la sinvergüenza para decirme que no había sido una persona, pero el cielo ya se había entristecido. Pensé en mi Lima hermosa y su cielo color panza de burro, y en mi familia y en mis amigos. Afuera la llovizna caía de rato en rato para que no me olvidase de ella; como para recordarme que estaba vivo.

Yo no he perdido como ha perdido Andrea, pensé, y no sé si eso me alegra. Somos tan competitivos los seres humanos que hasta el dolor comparamos. O señalamos el dolor de otros para que algo no nos duela tanto. Mientras tanto el dolor no se mide ni discrimina —el dolor nos duele a todos.

Hace casi cuatro meses perdí a mi abuelo y recuerdo que no pude contener las lágrimas en la misa antes del entierro. Todos andábamos perdidos en el llanto mientras la voz del padre repetía algún sermón. Amigos y familiares sufriendo cada uno a su manera y esas lágrimas, creo, me dolían más que el mundo entero. A veces rezo cuando me acuerdo pero poco a poco he ido perdiendo la fe. 

También he perdido amistades. Estar solo, confinado a las paredes de mi apartamento, me ha dejado pensando —¿Qué será de la vida de…? Y a veces ni recuerdo cuándo fue la última vez que conversé con ellos. O cuándo nos volvimos amigos y cuándo dejamos de serlo. Y mis exes. ¿Cuándo perdí sus números? Quizás perdí las ganas de querer seguir queriendo. Aquí vamos de nuevo, corazón, a perder el tiempo.

He perdido las ilusiones que sembré de niño y mis propias semillas en mis noches vacías. De niño perdía llaves y ahora pierdo dinero. La bolsa está hecha una mierda y me cuesta entender que esto es parte del proceso, que no todo se pierde hasta que uno pierde la paciencia. He perdido peleas, y con mi novia he perdido la vergüenza —una victoria a precio de malas treguas.

Todos hemos perdido algo y eso no se compara. Algunos hemos perdido partidas de ajedrez y otros seguimos buscando las piezas para recién poder jugar. Bien dicen que que para poder hallar algo antes debes haberlo perdido, pero qué pasa cuando nunca tuviste nada para empezar? Lo poco que tenemos ni siquiera es nuestro. Jaque mate. 

2 Comments

  1. luze2020

    Gracias por esta historia muy linda y “Toca Corazones y Aguaojos” Fermín debe estar muy feliz volando entre nubes y será el más famoso del lugar….

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  2. Ana

    Mi querido hijo Alejandro, aquí tu mami 😀 desde el otro lado de esta página blog, quiero felicitarte por esta nueva iniciativa, qué bonito que no hayas perdido ese don que tienes de transmitir sentimientos con el lenguage escrito; y sí pues, confirmar que me perdiste muchas llaves de la casa, qué colerita, recuerdo, y luego te daba duplicados. En paralelo, son como nuevas oportunidades, cada día nuevas posibilidades, y eso es lo que la vida te ofrece a ti hijo. Sigue para adelante que te estaré siguiendo… siempre.
    Tu mamá que te ama 😙

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