Andrea Chef

Mi nuevo pasatiempo

Cuando le propuse a Ale-Alejandro que habláramos acerca de un nuevo pasatiempo que nos haga felices durante nuestra cotidianidad en cuarentena, no sabía qué tan complicado sería para mí seleccionar un tema. Mientras que Alejandro se demoró 35 segundos en escribir sobre lo que en estos días le hace vibrar el alma, yo me la pasé mirando al horizonte, pensando…. Y pensando… O sea, ¿de qué carajos les hablo?

Todo en esta realidad Macondiana, para mí, es un pasatiempo. Lo único que en realidad no ha cambiado es mi trabajo y que sigo conservando la costumbre de no peinarme. De resto, ¡TODO es diferente! Mi cuarentena desde que me levanto, hasta cuando chupo gladiolo es supremamente novedosa.

En mi rutina torontiana, a pesar de tener una relación super estrecha con Pokechu (mi señora madre, que más que mi progenitora, es mi hija chiquita) no vivimos juntas. Viajamos juntas todo el tiempo y, por designios del destino, andamos encuarentenadas en el paraíso. Si yo hubiese estado sola en Colombia, estoy completamente segura de que Pokechu se habría venido así le hubiese tocado venirse a pie (sobra decir que el drama no me lo habría soñado…).

Volviendo al tema del pasatiempo.

Mis amigos más cercanos y mis seguidores instagrameros saben que me fascina la comida. Si tuviese $1 por cada mensaje que recibo de la gente que me manda a comer boñiga de la envidia que les da las cosas que comparto, sobra decir que tendría una piscina de monedas como la de Tío Rico.

Andrea McPato ✌️ 

Esa es una de las muchas cosas que me encanta de vivir en Toronto: hay platos por probar que vienen de cada rincón del planeta. ¡No se diga más!

¿Gustas sushi? Buffet al estilo all-you-can-eat (básicamente trague cual marrano feliz) en el costado norte de Bloor al oeste de Brunswick.

¿Texas BBQ? También se le tiene en la esquina noroeste de Main y Gerrard.

¿Plato etíope en injera (pan especial que tiene la apariencia visual de un mondongo/tripa) con lentejas, carne, queso feta y amor? El Nazarene en Bloor y Dovercourt o Wazema en Danforth Avenue.

La comida etiope es increible.

¿El mejor sabor de Pakistán? Indiscutiblemente Lahore Tika House en la pequeña india, al lado de mi casa. Aunque también cabe destacar toda la ciudad de Brampton, que es una muestra surasiática en el corazón de la florida canadiense.

¿Qué las delicias de Suráfrica? Se le tiene en Royal York y Bloor.

¿Dónde está el mejor Hot pot chino? Mi recomendación queda en Spadina dos calles al sur de Dundas.

¿Qué comida autóctona indígena canadiense? Se le tiene la hamburguesa de bisonte en bannok (pan frito) y arroz salvaje con maíz pira al lado. Bien pueda sigan en Gerrard al este de Greenwood.

Tea-N-Bannock: Autentico sabor indigena canadiense.

¿Qué el mejor pad thai? En la casa de Andrea, siempre a la orden. ¡Siga amigo, sin compromiso, que si hay! Y si no hay, se le consigue. Y la lista sigue y sigue sin parar. Lector torontiano: lo invito a que me escriban para más recomendaciones. Y cuando salgamos de este encierre tan extremo, con todo el gusto me les uno a hacer un tour gastronómico 😊

Creo que ya ven por donde va la vaina. La comida es parte indispensable en la vida de todos, lo que pasa es que yo me tomé el cuento muy en serio. Creo que, si viviera en una montaña, pailander el inmortal, pero Toronto me permite darme esos lujos y por eso siempre estaré eternamente agradecida con mi ciudad.

Volviendo al pasatiempo NUEVAMENTE

Al ser la comida un tema tan vital, mucho más estando en cuarentena, esta actividad se ha vuelto el centro de mi día. Apenas nos levantamos, Pokechu sagradamente me está embutiendo una taza de agua caliente con limón mandarino para la vitamina C (¡TIEMBLA Corona Virus!). Luego, con nuestra nueva familia compuesta por los administradores de Villa Cata, Luz Helena y Jorge, tomamos cafecito y empezamos a planear el desayuno.

Contamos con un numero increíble de frutas silvestres que crecen en la propiedad, entre ellas: mango, corombolo, anón, plátanos, limón mandarino de mis amores, nísperos y papayas. También, como somos los únicos huéspedes en un hotel que SIEMPRE se la pasa lleno, la nevera y el congelador están completamente abastecidos de cosas chéveres: camarones locales, pescado, carne y pollo. El otro día que salimos a comprar un melón, había un señor en una moto vendiendo las ultimas 3 libras de un cerdo que acababa de sacrificar. Me hice a unas costillas y una panceta que aun necesitan que les de amor. En fin, aquí de hambre no nos vamos a morir, eso ténganlo por seguro.

Fruta fresca por doquier.

Volviendo al tema del desayuno…

En los 9 días que hemos estado en cuarentena en el Tayrona, solo hemos repetido una vez el desayuno. De resto, por esa cocina ha debutado de todo. Y si eso es el desayuno, se podrán imaginar el menú del almuerzo y la cena. Hemos comido:

  • Jibaritos puertorriqueños
  • Hamburguesas
  • Pasta marinera
  • Arroz con coco y patacones
  • Crema de brócoli con queso campesino (a falta de cheddar) y ralladura de papa criolla
  • Sopa de pasta
  • Habichuelas con panceta
  • Arroz en todas sus formas
  • Alas de pollo con miel mostaza y una salsa de ajo con rocoto que ha sido el highlight de nuestras habilidades sazonadoras
  • Sudado de pollo con yuca y papa criolla
  • Acaban de llegar 4 pargos recién pescados y hoy debutarán en la mesa con su respectivo patacón y suero costeño ¡NOJODA!
Pargo frito, pure de papa criolla, patacones y juguiro de maracuya con corombolo
Pargo frito, pure de papa criolla con culantro (no cilantro), patacones y jugo de maracuya con corombolo.

Mi papel en esta historia, mas que catadora y observadora, ha sido el de chef. Lo que más me gusta de la comida, no es solo tragármela, sino hacerla. ¡Adoro la cocina! Por eso, escogí hablar del tema en esta ocasión, ya que en Toronto a pesar de que cocino y soy feliz, al vivir sola, a veces es mucho más fácil sentarme 10 minutos a ver qué cosas hay en Uber Eats, Doordash o Foodora, darle clic y dedicarme a escoger una serie que necesite ser devorada mientras llega la cena.

En mi cuarentena COVIDiaria, no existe la necesidad de salir de la rutina, ya que rutina es la que no tengo. Me encanta hacer un alto en mi trabajo hacia la hora del almuerzo y, como ya habíamos definido el menú durante el desayuno, me pongo manos a la obra. Y mientras almorzamos, diseñamos juntos el menú de la cena y así, sucesivamente.

Todo este carretazo para decir que mi nuevo pasatiempo es compartir con aquellos que me rodean y disfrutar de nuestro tiempo juntos en cuarentena. De reírnos por los memes que recibimos, hablar de lo que nos comimos el día anterior, preocuparnos por las noticias del COVID, planear que nos comeremos más tarde, darle de comer a Princess (la gatica, madre de 3 bebes), tomar jugo de frutas delicioso, darle de comer a Alvin el ardillito, escoger la música que queremos oír y reírnos porque probablemente salgamos rodando después que se termine la cuarentena.

Concluyo que la vida, en todo su esplendor, debería siempre ser un pasatiempo. Como siempre, estoy eternamente agradecida con el universo y hasta con el COVID pecueco por haberme arrinconado en el sitio más idílico que cualquiera pudiese desear pasar una cuarentena.

Saludos desde Macondo y Buon Appettito

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